lunes, 19 de enero de 2026

Las Raíces de la Ciencia: historia, educación y patrimonio científico en el Instituto San Isidro

 

Las raíces de la ciencia: historia, educación y patrimonio científico en el Instituto San Isidro

La exposición “Las raíces de la ciencia” ofrece una profunda reflexión sobre el origen y desarrollo de la enseñanza científica en España a través de uno de sus escenarios más emblemáticos: el Instituto San Isidro de Madrid, la institución de educación secundaria más antigua del país. La muestra propone un recorrido histórico que combina ciencia, educación, arte y patrimonio, permitiendo comprender cómo se construyó una tradición científica que ha llegado hasta nuestros días.

Cartel de la Exposición Las Raíces de la Ciencia


Organizada a partir de los fondos del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) y del histórico Gabinete de Física y Química del propio instituto, la exposición se sitúa en un espacio excepcional: la capilla de los Reales Estudios, antiguo corazón académico del Colegio Imperial. Este lugar simbólico se convierte en el marco ideal para mostrar cómo el conocimiento científico ha evolucionado en diálogo constante con la historia, la religión, la política y la cultura.

Invitación a la Exposición

Los Reales Estudios y el origen de una tradición científica

El Instituto San Isidro es heredero directo de una larga tradición educativa que se inicia en el siglo XVI con la fundación del Colegio Imperial de Madrid por la Compañía de Jesús. Desde sus orígenes, la educación impartida en este centro otorgó un lugar destacado a las ciencias, entendidas no solo como un saber teórico, sino como una herramienta esencial para comprender el mundo y formar a los futuros servidores del Estado.

En 1625, bajo el reinado de Felipe IV, se crearon los Reales Estudios, una institución que centralizó diversas iniciativas educativas anteriores y que reforzó la enseñanza de disciplinas como las matemáticas, la física y la astronomía. Esta apuesta por el conocimiento científico situó a Madrid en sintonía con los grandes centros europeos del saber.

La expulsión de los jesuitas en 1767, decretada por Carlos III, supuso una transformación profunda de la institución, que pasó a depender directamente de la Corona y adquirió un carácter laico. Este cambio marcó un punto de inflexión en la concepción de la ciencia como un asunto de interés público, vinculado al progreso, la modernización y el bienestar del país.

 "De Scholis Matritensibus" discurso latino de 1771, pronunciado por Emmanuel Blancus de Valbuena, que celebra la restauración de las escuelas de Madrid (Matritenses) impulsada por la generosidad de Carlos III, honrando también su origen fundacional bajo Felipe IV


Ciencia y religión: tensiones, diálogos y enriquecimiento mutuo

Uno de los ejes fundamentales de la exposición es la compleja relación entre ciencia y religión, un tema central en la historia del pensamiento occidental. Desde la Revolución Científica del siglo XVII, la ciencia moderna, basada en la observación, la experimentación y la razón, comenzó a cuestionar explicaciones tradicionales del universo.

Sin embargo, el recorrido histórico que propone “Las raíces de la ciencia” muestra que esta relación no fue únicamente conflictiva. La Compañía de Jesús, por ejemplo, desempeñó un papel decisivo en la promoción de las ciencias dentro de su proyecto educativo. Historiadores como John W. O’Malley o Víctor Navarro han destacado cómo los jesuitas fomentaron el estudio de disciplinas científicas como parte de una formación integral.

En los siglos posteriores, especialmente a partir del siglo XVIII, ciencia y fe comenzaron a entenderse como caminos distintos hacia la verdad. Este proceso no implicó una ruptura total, sino una redefinición de los ámbitos de conocimiento, que permitió el desarrollo autónomo de la ciencia moderna.

Cabecera de la Capilla de la Inmaculada en la Exposición Las Raíces de la Ciencia



La capilla de los Reales Estudios: un espacio para el saber

El escenario principal de la exposición es la capilla del Instituto San Isidro, uno de los espacios más singulares del antiguo Colegio Imperial. De planta rectangular y marcado carácter barroco, la capilla fue concebida inicialmente como un espacio religioso vinculado a la Real Congregación de la Inmaculada Concepción, de la que formaron parte figuras destacadas de la monarquía española.

Tras el derrumbe de su bóveda original, la capilla fue redecorada a comienzos del siglo XVIII siguiendo un ambicioso programa pictórico diseñado por Antonio Palomino, uno de los grandes teóricos y pintores del barroco español. La ejecución de las pinturas fue llevada a cabo por su discípulo Juan Delgado, quien concluyó el conjunto en 1726.

La bóveda, decorada mediante la técnica de la quadratura, crea una arquitectura fingida que amplía visualmente el espacio y lo transforma en una auténtica escenografía del conocimiento. El programa iconográfico combina tradición religiosa, exaltación institucional y simbolismo intelectual, reflejando la estrecha relación entre saber, poder y educación.

Frescos de Juan Delgado


De espacio religioso a escenario académico

Tras la expulsión de los jesuitas, la capilla dejó de cumplir exclusivamente funciones religiosas y se convirtió en el gran salón de actos de los Reales Estudios de San Isidro. En este espacio se celebraban ejercicios públicos, lecturas solemnes, juntas académicas y entregas de premios, actividades que reforzaban su carácter como escenario del saber y de la vida intelectual madrileña.

Durante el siglo XIX, con la consolidación del Instituto de Segunda Enseñanza, la capilla fue adaptada a las nuevas necesidades docentes. Se instalaron graderíos y el espacio llegó incluso a albergar clases y laboratorios, como recuerda literariamente Pío Baroja en El árbol de la ciencia. Este uso educativo continuado convirtió a la capilla en un símbolo vivo de la historia de la enseñanza científica en España.

Capilla a principios del Siglo XX

Participantes en la Exposición  con el cuadro Deus Scienciarum Dominus
procedente de la Biblioteca de los Reales Estudios estuvo colocado en la Cabecera de la Capilla desde 1816 a 1985 aprox



El Gabinete de Física y Química: ciencia para aprender experimentando

Uno de los elementos centrales de la exposición es la presentación de una cuidada selección de instrumentos científicos procedentes del Gabinete de Física y Química del Instituto San Isidro, actualmente conservados en el MUNCYT. Estos objetos, de gran valor didáctico y patrimonial, permiten comprender cómo se enseñaban las ciencias a través de la experimentación directa.

Preparando las visitas guiadas


Los instrumentos abarcan distintos ámbitos de la física y la química, desde la mecánica y la óptica hasta el electromagnetismo y la electricidad. Su presencia en el aula no era meramente ilustrativa: constituían el núcleo del aprendizaje, en una época en la que la enseñanza científica comenzaba a alejarse de la memorización de textos para centrarse en la observación y el experimento.

El Observatorio Astronómico de los Reales Estudios

Un aspecto especialmente relevante y poco conocido de la historia científica española es la existencia de un Observatorio Astronómico en los Reales Estudios del Colegio Imperial. Creado en torno a 1751 y vinculado a la Cátedra de Matemáticas, este observatorio fue uno de los primeros del país, junto al de la Academia de Guardiamarinas de Cádiz.

Dirigido por el jesuita y matemático Jan Wendlingen, el observatorio estaba equipado con instrumentos adquiridos en Londres gracias a la mediación del científico y marino Jorge Juan. Telescopios, lentes y cronógrafos permitieron desarrollar un ambicioso programa de observaciones astronómicas y formar a los estudiantes en astronomía práctica.



Piezas relacionadas con  El Observatorio Astronómico de los Reales Estudios


Entre los trabajos más destacados se encuentran las observaciones de los tránsitos de Venus y Mercurio, acontecimientos científicos de alcance internacional que movilizaron a la comunidad científica europea. Estas actividades reflejan el alto nivel científico alcanzado por los Reales Estudios en el siglo XVIII.






Docentes y protagonistas de la ciencia en el Instituto San Isidro

La exposición dedica un espacio destacado a la figura de varios docentes que desempeñaron un papel clave en la consolidación de la enseñanza científica moderna en el siglo XIX. Entre ellos sobresale Mariano Santisteban de la Fuente, catedrático de Física y Química durante casi cuarenta años.

Santisteban defendió una enseñanza basada en la observación y la experimentación, impulsando el desarrollo del Gabinete de Física y Química y del laboratorio del instituto. Su labor se extendió también al ámbito editorial y divulgativo, con la publicación de manuales y catálogos de instrumentos científicos ampliamente utilizados en España.



Junto a él, figuras como Bernardo Rodríguez Largo y Sandalio de Pereda contribuyeron a la especialización de las disciplinas científicas, a la incorporación de nuevos aparatos experimentales y a la defensa del patrimonio científico del centro. Su trabajo conjunto consolidó una tradición pedagógica que entendía la ciencia como motor de progreso social y cultural.



Ciencia, pedagogía y modernización educativa

La historia de la enseñanza científica en el Instituto San Isidro está estrechamente ligada a los grandes movimientos pedagógicos de los siglos XIX y XX. Corrientes como el krausismo y la influencia de la Institución Libre de Enseñanza promovieron una educación laica, científica y orientada al desarrollo integral del alumnado.

Este enfoque supuso una profunda renovación de los métodos y materiales didácticos. La observación directa, las excursiones científicas, las visitas a museos y el uso sistemático de gabinetes y laboratorios se convirtieron en prácticas habituales. La enseñanza de las ciencias pasó a concebirse como una herramienta esencial para formar ciudadanos críticos y preparados para los desafíos de la modernidad.



Un legado científico y cultural para el presente

“Las raíces de la ciencia” no es solo una exposición sobre el pasado, sino una invitación a reflexionar sobre el valor del patrimonio científico y educativo como parte fundamental de nuestra identidad cultural. A través de instrumentos, espacios y relatos, la muestra revela cómo el Instituto San Isidro ha sido, durante siglos, un auténtico laboratorio histórico de la modernización educativa en España.

Este legado, que combina ciencia, arte, historia y docencia, sigue siendo hoy una fuente de inspiración para comprender la importancia de la educación científica en la construcción del futuro. La exposición pone de manifiesto que el conocimiento no es solo acumulación de datos, sino una tradición viva que se transmite, se transforma y se renueva generación tras generación.



Para saber más:

Colección de  Instrumentos Científicos del Instituto San Isidro en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

La Capilla de la Concepción en el Instituto de San Isidro de Madrid

Los Reales Estudios del Colegio Imperial

Bernardo Rodriguez Largo la primera radiografía en Madrid

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